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Tercer disco de los pamplonicas El Sonido de la Metralla que no va a defraudar a los seguidores de esta gran banda de punk acelerado y político. Tampoco a los seguidores de El Trono de Judas, banda en la que militaron buena parte de los miembros del grupo y a la que homenajean en el vigésimoquinto aniversario de su creación con un tema titulado "Una del Trono". También recuerdo emocionado a un colega caído en la lucha, en esas cárceles de la "democracia" que siguen exterminando disidentes. Dientes apretados por la rabia, pero también mucha esperanza, muchas ganas de luchar, de no rendirse, de no cejar en el empeño de darle la vuelta a esto, que nadie dijo que fuera fácil. ">Todo ello contado con un ritmo trepidante, a través de un punk que apenas da respiro. El disco además ha logrado un sonido excelente, en donde se aprecian los detalles instrumentales, las curradas lineas de bajo, el ritmo loco de la batería y unas guitarras que en cada tema nos sorprenden con multitud de adornos, sólos, riffs..... Sin olvidar, faltaría más, la voz rabiosa y los constantes coros, encabronados, pero melódicos. En definitiva, un disco de punk directo y sin concesiones, pero lleno de matices que apreciar y disfrutar. Y es que El Sonido de la Metralla tienen ya un nivel muy alto. Tantos años en la carretera se notan y sabe más el diablo por viejo...El trabajo ha sido coproducido por lEl Sonido de la Metralla y distris/colectivos amigos de la escena anticomercial. Tales como ésta, nuestra humilde casa, DDT Banaketak/Diskak. Nos acompañan nuestros hermanos y hermanas de El Lokal, Kamilosetas Muskaria, Mal Mai, y Sorginkale. Distribuye DDT Banaketak.
Si hoy respirar, alimentarse, abrigarse, divertirse o buscar amor está condicionado por la necesidad de la comercialización, no significa que siempre fue así o que deba seguir siéndolo.
Hoy toda relación social lleva el sello de la mercancía, ésta ha ocupado la totalidad de la vida social. Incluso los seres humanos nos vemos unos a otros como mercancías.
El capitalismo, como relación social y no sólo como concepto, es la sociedad mercantil generalizada, una sociedad en la que toda la producción es producción de mercancías: la dictadura totalitaria y generalizada de la ley del valor contra los seres humanos.
En este segundo cuaderno profundizamos y desarrollamos la cuestión de la lucha de clases y de la revolución, porque si hablamos de revolución como transformación radical de la sociedad, como supresión del capitalismo, hablamos indefectiblemente de la auto-supresión del proletariado como clase, esa inmensa mayoría de la humanidad que está impedida de vivir porque debe “ganarse la vida” de una forma u otra.
En el ámbito político y académico se ha popularizado en las últimas décadas la noción de patriarcado. Parece un concepto de uso obligado para cualquier crítica seria de la realidad que busque la transformación social. Para algunas corrientes pareciera estar fuera de toda discusión que esta sociedad es patriarcal, incluso más fuera de discusión que si es capitalista.
Uno de los grandes problemas que encontramos al abordar la cuestión del patriarcado es asumirlo como el sujeto que determinaría la sociedad. Así, el Capital dejaría de ser el sujeto de esta sociedad, el que lo subsume todo, para dar paso a otro: el patriarcado. Hay una diferencia fundamental entre considerar el patriarcado como algo exterior al Capital y considerarlo como una realidad interna del Capital. La primera comprensión nos presenta el patriarcado por un lado y el Capital por otro, o en el mejor de los casos patriarcado y Capital como dos sujetos separados que en un momento dado se vinculan.
Por el contrario, la comprensión del patriarcado como realidad interna del Capital, lo asume en tanto que incluido y dominado, es decir subsumido. El proceso histórico de esa subsunción incluye y a su vez transforma al antiguo patriarcado. Y aunque puede mantenerse dicho vocablo, debemos tener en cuenta que no estamos hablando de lo mismo. Comprendemos el hecho de que en la propia lucha se siga nombrando al sexismo de esta sociedad como «patriarcado», aunque nos parece poco preciso. Si bien emplearlo es importante para ver la continuidad histórica del sexismo en relación a sociedades de clase anteriores, de alguna manera también oculta las condiciones del sexismo en la actualidad.
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