Así las cosas, cuando el feminismo necesita repensarse más que nunca, comenzando por repensar su propio sujeto político, supongo que es normal la buena acogida de la primera edición: el feminismo precisa de ideas diferentes sobre la identidad y las relaciones sexuales que le permitan crecer y superar el victimismo y el punitivismo al que parece estar abocado, y, con más o menos acierto, ese es el objetivo de este libro. Reeditado y ampliado.
